
Cansada estoy, cansado de absorber en mis pies esta mañana el polvo de plazuelas y callejas de esta ciudad extraña.
Siempre seremos mudos forasteros allí donde la vida rutinaria no repite incansable el sonsonete que martillea sin cesar el alma.
Cansada estoy de baldosines rotos, de calles levantadas, de barreras, de tráfico, de gentes que empujan y no miran a la cara.
Qué anónima me siento, qué perdida, caminando al azar esta mañana.
Los viejos monumentos, altas torres, murallas de abrazo interrumpido, iglesias en que aún vuelan las campanas, monasterios de estudio y de silencio, ya no me incitan, junto a mí resbalan. Y en un tono menor, la inevitable, seductora llamada de los multicolores anaqueles de librerías, donde el libro estalla en quieto, innumerable ofrecimiento; del kiosko exhibiendo la avalancha de rostros lúbricos multiraciales, y el abanico de la prensa diaria;
Cafés alineando hombres desocupados a la barra, pontificando goles y estrategias, sabiduría de las clases bajas.
Estas calles son río inagotable de vidas, de intereses, de programas, de pasiones ocultas, frustraciones, de dolores, tristezas y esperanzas, avanzando dinámicas al ritmo de cada paso y de cada mirada.
Siempre seremos mudos forasteros allí donde la vida rutinaria no repite incansable el sonsonete que martillea sin cesar el alma.
Cansada estoy de baldosines rotos, de calles levantadas, de barreras, de tráfico, de gentes que empujan y no miran a la cara.
Qué anónima me siento, qué perdida, caminando al azar esta mañana.
Los viejos monumentos, altas torres, murallas de abrazo interrumpido, iglesias en que aún vuelan las campanas, monasterios de estudio y de silencio, ya no me incitan, junto a mí resbalan. Y en un tono menor, la inevitable, seductora llamada de los multicolores anaqueles de librerías, donde el libro estalla en quieto, innumerable ofrecimiento; del kiosko exhibiendo la avalancha de rostros lúbricos multiraciales, y el abanico de la prensa diaria;
Cafés alineando hombres desocupados a la barra, pontificando goles y estrategias, sabiduría de las clases bajas.
Estas calles son río inagotable de vidas, de intereses, de programas, de pasiones ocultas, frustraciones, de dolores, tristezas y esperanzas, avanzando dinámicas al ritmo de cada paso y de cada mirada.
Y aquí, perdida en este maremagnum, voy caminando con la doble carga pendiente de mis hombros de incomunicación y de nostalgia.
Sola entre tantas soledades vivas, en mar de gentes, yo, buque fantasma.......
Sola entre tantas soledades vivas, en mar de gentes, yo, buque fantasma.......
1 comment:
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